Archivo de Autores para Elena Serrano Ferrández

22
may
12

símbolos en atención primaria (5): el biombo

(..) He ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes, que acaba de regresar a la Villa después de un largo viaje por Asia. El examen debía hacerse en ayunas; habíamos convenido encontrarnos en las primeras horas del día. Me tendí sobre un lecho luego de despojarme del manto y la túnica. Te evito detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara a morir de una hidropesía del corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Lollas, que me atendió durante su ausencia. (…)”

Lo relatado por estas líneas de “Memorias de Adriano” y la secuencia de imágenes que suceden al minuto siete de este fragmento de “Amar la vida” tienen algo en común: el desnudo físico de un cuerpo, que resulta privado e individual y que aguarda sensaciones, emociones y mensajes.

Desvestirse en las cuatro paredes de la consulta puede estar aderezado de miedo, vergüenza, pudor, incertidumbre… que pueden atenuarse con palabras que guían lo que se va a explorar, la interpretación de otras formas de lenguaje y de no olvidar el vestir de la intimidad con el uso de un biombo-cortina-sábana.

Así este vestir de la intimidad se convierte en el quinto símbolo:  indispensable instrumento para dar más calidez y respeto a ese encuentro único.

29
abr
12

símbolos en atención primaria (4): el tiempo

 “Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. 

¿Qué más quiere, qué más quiere?. Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa”. 

Estas son las líneas que definen “Las instrucciones para dar cuerda al reloj” de Cortázar. Una descripción del fragmento del tiempo que alguna vez nos gustaría inventar en nuestro cronograma: por la añoranza de cambiar lo vivido, por dibujar un nuevo escenario, por tantas otras razones…

El tiempo es  la vida como un cúmulo de porciones: a veces  rellenas, a veces (casi) vacías. El tiempo es, a su vez, esa sombra en paralelo que nos acompaña siempre.

Es el cuarto símbolo elegido por su omnipresencia y por los diferentes matices que lo definen:

            – El segundo: como ese tiempo micro de cada encuentro directo o indirecto, de cada mirada, de cada palabra, de cada silencio.

En su transcurrir se extraen los guiones que enlazan lo narrado y lo comprendido, lo que se quiere y lo que se puede, lo sentido y lo interpretado. Ese tiempo que solemos percibir como necesario pero insuficiente… y donde quizá decidimos qué hacer y qué no hacer, acompañados de la incertidumbre de pros y contras.

         - El minuto: como ese tiempo meso de la suma de tiempos micros variados, donde aparece esa grieta de percepción entre del tiempo entre los diferentes actores (tanto en la consulta como en las esperas).

       - La hora: como ese tiempo macro retratado en la piel apergaminada del paciente, en la de los otros y en cada uno de los escenarios compartidos. Es el árbol con sus raíces y sus ramas.

Se trata del arte de controlar el tiempo en el encuentro con el sufrimiento del paciente, todo del tiempo del mundo, a sabiendas de que siempre está limitado: el segundo está presente de forma casi tangible desparramándose como el agua por los cauces, sin embargo son el minuto y la hora los que dibujan la línea.

27
mar
12

símbolos en atención primaria (3): caso clínico cierto

“(…) dos eran las etiquetas diagnósticas que sostenían su historia. La más antigua era una lumbalgia que había sido protagonista de diez bajas laborales en los últimos seis años, dos derivaciones al traumatólogo, varias pruebas radiológicas y diferentes tratamientos farmacológicos. Con el paso del tiempo no cambió de etiqueta, añadió el apellido de “crónica” a su lumbalgia. 

Hace aproximadamente un año y medio, Martina acudió a la consulta acompañada por una de sus mejores amigas. Ésta la convenció para acudir al percibirla “cambiada” desde hacía meses. De ser una Martina entusiasmada por su trabajo como modista, pendiente de sus amigos, ilusionada con nuevos proyectos… se había convertido en una Martina que sólo quería estar sola, que no acudía al taller de costura ni hacía prendas desde hacía meses, que no confiaba en nada ni en nadie, que todo lo veía gris. Explicaba que en algunas conversaciones, durante la semana, cuando le preguntaba qué le pasaba solía responder que nada. Pero tras lidiar con los silencios aparecieron algunas confesiones: sentía cierto eco interior que le llevaba a buscar la forma de conservar su propio yo en un mundo repleto de desórdenes. Su amiga refería que algo que le había impactado es la escasa afectación que le habían producido a Martina algunos acontecimientos personales, como el fallecimiento de su madre en Argentina, a cuyo entierro no acudió…cuando de forma habitual solía viajar dos veces al año para visitar a su familia y amigos.

En aquella primera visita Martina sólo respondía a preguntas y lo hacía de una forma más bien desorganizada. Intentando adentrar en los ecos… los definía como una voz interior personal que transportan a otra dimensión de la cual puedes desconectar para volver al día a día, algo común. De aspecto no desarreglado, con monocromía grisácea del vestir e impresión de cierta ausencia. Ante la pregunta de si había pensado acerca del final de la vida, respondió un no sin más. 

Ecos-miedo-mundo gris-aislamiento. 

Fue, tras esa primera visita, cuando se realizó la derivación al psiquiatra y la aparición de la segunda etiqueta: esquizofrenia. La baja laboral y el inicio medicación, también. 

Y de ahí visitas sucesivas de control… donde los interrogantes de porqué una etiqueta de trastorno mental, cómo luchar contra el estigma social que implica o la tendencia al abondo de la medicación que según Martina lo único que conseguía era como una burbuja aislante de “la realidad”. 

Un año y medio después de (con)vivir con esta nueva etiqueta, a sus cuarenta y cinco años, Martina decidió poner punto y final a su Historia. 

La muerte como una opción elegida (o no). 

Y así, de repente, silencios indefinidos en la habitación, en los cafés, en el taller, en la consulta…

Y así, de repente, la presencia de interrogantes: dónde queda la delgada línea entre el hacer-y- el no hacer, entre el estar-aquí-o-allí, el sentido de la búsqueda heroica de etiquetas y soluciones; la incertidumbre y su peso en la dirección de la comunicación (…)”. 

El caso clínico cierto como un símbolo de atención primaria que nos acerca al quién del enfermo con una visión biográfica.

A través de la narración, basada en una mezcla de datos duros y blandos, es donde la incertidumbre convive con el enfermar del paciente y donde se nos invita a reflexionar sobre nuestro papel de sanadores.

Una herramienta que une un lado y otro de la mesa, una y otra puerta, diferentes visiones.

23
feb
12

símbolos en atención primaria (2): flores en la consulta

“Cuando abro la cartera

Para enseñar el carné

Para pagar algo

O para consultar el horario de trenes

Te miro.

 

El polen de la flor

Es más viejo que las montañas

Aravis es joven

Para ser una montaña.

 

Los óvulos de la flor

Seguirán desgranándose

Cuando Aravis, ya vieja,

No sea más que una colina.

 

La flor en el corazón

De la cartera, la fuerza

De lo que vive en nosotros

Sobrevive a la montaña.

 

Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos”.

                                                                                                        (Berger)

 

Flores en la consulta.

Un símbolo a modo de  flecha que enlaza pasado, presente y futuro; que parecer intensificar esa conciencia que llamamos memoria. Donde la vida y la muerte se miran a los ojos, pues ésta es también de uno mismo desde el primer momento, como nos recuerda Berger. Por mucho que en ocasiones nos cegue el afán por la inmortalidad, por la eterna felicidad, por un estado quasi-perfecto.

Por tanto, su presencia como testigo en los intercambios de palabras, silencios y lenguajes corporales, de cada encuentro, no es más que una presencia caduca de la fugacidad de la vida, de lo sensorial, de lo abstracto.

La amabilidad del entorno ayuda a ofrecer dignidad durante la entrevista clínica. Las flores en la mesa como presencia discreta y sensible a las historias compartidas,  como imagen de intersección de líneas verticales y horizontales. Otro ingrediente más que acompaña al profesional en su relación con el va-y-ven de la vida.

Flores en la consulta.

15
ene
12

símbolos en atención primaria (1): el cabás

La elección de ciertos símbolos que representen al quehacer del día a día en la consulta y fuera de ella será una propuesta mensual de este año recién estrenado en este blog. El símbolo disémico como otra forma de comunicación, de resaltar la esencia e intensificar la conciencia de excelencia abandonada en el ejercicio profesional. Cada mes un símbolo, pues, como expresión del compromiso del médico con el paciente, su familia y la comunidad. 

El primero de los símbolos elegidos es el cabás (maletín) para las visitas domiciliarias. El cabás y su contenido nos definen en relación a nuestra capacidad de reacción por-lo-que-pueda-ocurrir, lo que seremos capaces de hacer así como nuestra capacidad de convivir con la incertidumbre fuera de las cuatro paredes de la consulta. Por tanto, su hábitat natural es la calle y las cuatro paredes del dormitorio de los pacientes.

Es conocida la efectividad y los beneficios de las visitas domiciliarias en atención primaria, a pesar de que la estimamos menos que más y que es un objetivo a mejorar para, entre otros objetivos, garantizar un acceso equitativo. Las visitas domiciliarias son el negativo de las fotografías de cada encuentro, son el reflejo de lo que se intuye en unos pocos minutos durante visitas variadas, son un mar de datos blandos. El domicilio como espejo de una sociedad compuesta por individuos con incertidumbre no-resueltas pendientes de resolver porque algunas son derivadas de conflictos sociales y económicos que no hay nadie que resuelva por ellos. El cabás nos ayuda a curar, a aliviar y a acompañar… pero nos deja solo ante esos muros defensivos que se crean por las diferencias socioculturales triviales y profundas. 

29
nov
11

¿no….?

No le haré esta receta porque no hay fundamento científico (o la famosa evidencia) para el uso de este fármaco parece ser sinónimo de no haré esta receta porque estamos en tiempos de crisis. Al menos esa es mi percepción de lo que se interpreta al otro lado de la mesa… después de tres de las cerca de cuarenta visitas de un lunes tal como el de ayer.

El “no” a una receta de “coxib” o a dos de unas (super)quinolonas no tiene su razón de peso en el origen de la prescripción, una mutua privada, hecho que puede que a partir de ahora sea la norma y no la excepción. El “no” tiene que ver más con el qué y el para qué.

¿Cómo explicarle a mis pacientes que la receta es algo más que escribir el nombre de un fármaco en un papel con una firma?.

¿Cómo explicarle a mis pacientes que existen políticas de doble rasero en las cuales se aprueban y financian medicamentos a través de la Seguridad Social que son desaconsejados a través de un indicador que supervisa a los clínicos?.

¿Cómo explicarle a mis pacientes que las intervenciones sanitarias no está libres de efectos adversos….?.

¿O quizá todo iria mejor si nos limitamos a asumir que  todo se justifica con esta crisis que nos trae y nos lleva, si nos creemos lo de la prescripción inducida, si esperamos a que sean los demas los que comiencen a cambiar…?.

22
nov
11

seis minutos

Aquí se puede leer la propuesta que nos hace llegar Roberto Sánchez a través de su blog.

Al leer la información encontraba cierta similitud con un grupo de trabajo que surgió, hace unas semanas, en una asamblea de profesionales de Atención Primaria y en el cual se comenzaron a esbozar respuestas a ¿qué AP queremos…?. Me parecía y me parece una difícil pregunta pues hay numerosas líneas (teóricas) dedicadas a cómo debería ser pero otra historia es si estamos dispuestos a mirarnos para adquirir unas competencias y dejar de tener otras, por ejemplo. En este grupo había diferentes profesionales, no sólo médicos y de ahí la cierta variedad de respuestas, expectativas e interrogantes planteados.

Volviendo al documental seis minutos me atrevería a hacer una propuesta: si el objetivo principal es hacer llegar nuestra manera de entender la AP quizá falta algo de representatividad en la muestra de profesionales que se plantea. Un eslabón de la cadena puede tener muy claro el qué y el cómo… pero no funcionamos como eslabones aislados sino como una cadena.

Si te interesa la propuesta, difúndela porque es otra huella de que a pesar de la censura que aún se sigue viviendo en los canales de comunicación habituales, la red es ese medio aún sin barreras que permite otros medios de expresión.

17
nov
11

que-haceres

Ser suplente tiene su miga. Diría que uno de los puntos fuertes puede ser la posibilidad de potenciar la adaptación tanto a medios aerobios como anaerobios. Hasta ahora los días de vaso medio-lleno y medio-vacío diría que van a la par. Hoy quizá aumenten los segundos. Todo subjetivo, ya sé.

 Y es que sobre  la mesa abundan más preguntas que respuestas. Parece como si, en esta vida recortada que vivimos, ciertos objetivos y quehaceres se hubiesen desenfocado. En el mensaje hipertrofiado de dejar de hacer porque ”no hay” se obvia que quizá estemos ante un punto de inflexión con capacidad para revisar qué podemos hacer y no hacemos y/o, qué hacemos y tenemos que dejar de hacer. No tanto por la escasez de recursos como por la necesidad de pulir la calidad.

Supongo que en los orígenes de los indicadores de calidad  se encontraba el propósito de esta mejora. Tantas preguntas se podrían resumir en si la esencia de estos indicadores se ha desvirtuado derivando en un círculo vicioso donde adquiere protagonismo, por un lado, el quehacer  en función de cómo se nos mide-e-incentiva y, por otro, la interpretación de que se trata de una estrategia más de reducción del gasto farmacéutico.

Si algo se puede pedir, es que ingenio y sentido común no sufran recortes.

08
oct
11

El diagnóstico y la terapéutica

“El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas.  A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces. El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o en el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.”

(El libro de los abrazos de Eduardo Galeano)

Listas y listas de enfermedades inventadas,

de síntomas saciados con píldoras reinventadas,

de percepciones vitales a etiquetas inmortales…

Que conserve, por mucho tiempo, el libro de Los Abrazos la enfermedad del amor,

sin que migre a las sabias páginas del conocido Harrison.

27
may
11

“En el círculo”

No recordaba exactamente la edad en la cual experimentó el estado de su primer dolor de cabeza, pero creía que aún era chica.

De un comienzo esporádico se fue convirtiendo en una experiencia algo habitual, evaporándose sucesivamente el miedo a lo desconocido e incontrolable.

Sin embargo, la historia se veía envuelta de interrogantes sin respuesta concisa y le hacía situarse en un umbral desconocedor de si el dolor es único e intransferible, si es normal o si quien decidió describirlo, por primera vez, era un conocedor suyo.

Esta historia podría ser un punto-y-aparte de otras historias. Sin embargo, esa línea que separa lo normal del resto la liga al interesante cortometraje “En el círculo“. Leyendo en su carta de presentación que es  ”una reflexión sobre la necesidad de comunicarse del ser humano. La necesidad de sentir, reír y llorar. La necesidad de ser”… se hace inevitable no ser recomendado.




 

mayo 2012
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