Una pregunta que me resulta familiar y a la cual creo que quizá alguna vez hayamos tenido que contestar a lo largo de nuestra infancia y juventud.
Intento recordar cuál era mi respuesta y creo que se trataba de una lista de preferencias a las que era difícil encontrar un nexo de unión por ser tan diferentes. Al final me decanté por la rama de ciencias, aunque el mundo de las letras siempre ha formado parte de mis tentaciones.
Elegí una carrera de la que suele decirse que es vocacional. Me pregunto qué quiere decir exactamente “tener vocación”. Busco en el diccionario y recojo la acepción que dice “dedicarse a algo para lo cual se tiene disposición…”. El término siempre me transmitió la idea de que se trata de algo que resulta inspirador para uno, que parecía estar ya descrito en el camino a seguir…
Sin embargo me atrae más definirlo como una cuestión de actitud, que va construyéndose de forma permanente. Es decir, que no depende exclusivamente de la elección inicial sino cómo se vive y cómo se desarrolla.
Esta reflexión ha surgido en paralelo a la lectura de un relato de Roberto Sánchez (residente de medicina familiar y comunitaria) el cual comienza con la pregunta inicial. Enhorabuena por el texto y por la frescura con la que escribes.