que-haceres

Ser suplente tiene su miga. Diría que uno de los puntos fuertes puede ser la posibilidad de potenciar la adaptación tanto a medios aerobios como anaerobios. Hasta ahora los días de vaso medio-lleno y medio-vacío diría que van a la par. Hoy quizá aumenten los segundos. Todo subjetivo, ya sé.

 Y es que sobre  la mesa abundan más preguntas que respuestas. Parece como si, en esta vida recortada que vivimos, ciertos objetivos y quehaceres se hubiesen desenfocado. En el mensaje hipertrofiado de dejar de hacer porque “no hay” se obvia que quizá estemos ante un punto de inflexión con capacidad para revisar qué podemos hacer y no hacemos y/o, qué hacemos y tenemos que dejar de hacer. No tanto por la escasez de recursos como por la necesidad de pulir la calidad.

Supongo que en los orígenes de los indicadores de calidad  se encontraba el propósito de esta mejora. Tantas preguntas se podrían resumir en si la esencia de estos indicadores se ha desvirtuado derivando en un círculo vicioso donde adquiere protagonismo, por un lado, el quehacer  en función de cómo se nos mide-e-incentiva y, por otro, la interpretación de que se trata de una estrategia más de reducción del gasto farmacéutico.

Si algo se puede pedir, es que ingenio y sentido común no sufran recortes.

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