símbolos en atención primaria (8): el puzzle

“Antonia de 42 años, dolor de muñeca. Alicia de 40 años, dolor de cabeza. Luis de 36 años, “al llamar por teléfono me ponen aire y esos dragones de ahí no me dicen porqué”. Rafael de 60 años, dolor de estómago. Manuel 55 años, “tengo fiebre y mucho cansancio desde hace una semana. Volví ayer de República Dominicana”. María de 85 años, dolor en la pierna después de una caída. Luisa de 59 años, dolor en la boca. Antonia de 59 años, “me duele el estómago y tengo como ansiedad por todo lo que tengo en la casa…”. Victoria de 62 años, primera visita en el centro, por dolor de oído. André de 63 años, francés de vacaciones por tres semanas, “nudo en el estómago, no puedo dormir… tengo muchos problemas en la familia”. Valentina de 77 años, molestia en los ojos. Josefa de 55 años, “vengo a entregar los informes del oculista de la mutua”. Alfonso de 89 años, de vacaciones,  “no voy de vientre desde hace cuatro días”. Valeriana de 86 años, “vengo a ponerme la inyección de cortisona para la cadera pero me sigue doliendo…”. Ana de 59 años, de vacaciones, necesita receta de medicación crónica: duloxetina y omeprazol. Pedro de 88 años, de vacaciones, necesita receta de medicación crónica: betahistina. Salomé de 73 años, “tengo ganas de arrojar y todo me da vueltas. De lo mío del riñón y de la tos, me han dicho que es malo”. Consulta telefónica (1), Luisa de 67 años, para pedir receta de mórficos. Consulta telefónica (2), Teresa de 40 años necesita informe para justificar que no pudo acudir al banco de alimentos. Consulta telefónica (3), Amelia de 80 años, necesita receta de parches de morfina”.

 

Este fragmento ha resultado ser una sucesión de descripciones, con cierto estilo árido,  que no tienen más pretensión que la de descubrir partiendo de lo hallado. Descubrir a partir de un ángulo de incidencia distanciado y perplejo,  que saca a la superficie la complejidad y rara belleza del día a día en la consulta (de interior, de pasillo y exterior…).

La variada colección de signos y síntomas vinculados a nombres, cronologías e historias configuradas son cómplices de  un juego de encaje de piezas, algo más que una simple aglomeración de “n” pacientes visitados. Un juego donde el paciente comparte su problema en su contexto y nosotros (desde nuestro papel de observador observado y de una forma no-neutral) ubicamos nuestro conocimiento en su contexto. Y de ahí la interacción de las piezas, que a veces encaja y otras queda por encajar.

El “puzzle” como octavo símbolo de la atención primaria donde es el conjunto el que da sentido a los elementos y no al revés.

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