Matar a un ruiseñor: una lectura de ayer y de hoy

image

Las (re)lecturas tienen el potencial de descubrir aquello que ha pasado desapercibido a primera vista, que quedaba entrelíneas, aquello que requiere algo de curiosidad para llegar hasta otros matices. Sin olvidar que en cualquier lectura influye también dónde y cómo se halla el lector.
Ésta ha sido la sensación principal al acabar, hace unos días, el libro “Matar a un ruiseñor” (To Kill a Mockingbird). La primera lectura fue allá por el verano del 2008 y decidí retomarla ahora a propósito del seminario de ética narrativa al que asistí el pasado junio, donde la película homónima de este libro de Harper Lee, junto con otras (grandes) obras, fueron protagonistas.
La historia narrada por una niña transcurre en Alabama con el escenario estadounidense que dibujó la Gran Depresión y donde temas como el racismo y la reivindicación más allá de la ley ocupaban gran parte de éste. A partir del análisis que hace Íñigo Marzabal sobre esta película en su libro “Deliberaciones poéticas: cine y ética narrativa” tres son los puntos por los que considero oportuno recomendar esta lectura y su película:
El primer punto rescata la aclaración que hace Marzábal sobre el significado de “mockingbird”. La traducción real no corresponde a un ruiseñor, sino a un pájaro llamado sínsonte. Entre ellos hay un pequeño matiz de diferencia. El ruiseñor es un pájaro con un canto propio, que no picotean los sembrados, no entran en los graneros… e intenta alegrarnos  el oído. El sinsonte es un pájaro que no tiene canto propio, que imita el de las demás aves. Y en la obra de Harper Lee hay dos sinsontes: Tom condenado por una supuesta violación a una joven blanca y  Boo el albino y loco recluído en casa. De ambos conocemos su historia a través del resto de protagonistas. Ellos, apartados de la normalidad y de las reglas establecidas, no conocen esa posibilidad de reconstruir la su propia historia, de darle sentido.
Esta exclusión no hace referencia a la soledad que puede implicar salirse del rebaño, de esa diferente  coherencia moral que representa Atticus (el padre de la niña narradora) en la historia y que conlleva a no encajar en el puzzle de ese momento defendiendo sus convicciones más allá de las circunstancias etéreas. La exclusión de Tom y Boo tiene que ver con la que podemos reconocer en situaciones y estados de nuestro entorno como la aprobación de ciertos reales decretos o  reformas sobre lo existente. Estos son sólo dos ejemplos, podríamos encontrar más.
Han pasado más de cincuenta años del libro de Harper Lee y continuamos tendiendo dificultades con protagonistas sinsontes.
El segundo punto tiene relación con la importancia de la educación y esa posibilidad de “contagio” de valores, sobre el lo que debería ser justo, sobre el saber o la prudencia, según la cita encontrada en el libro de Marzábal sobre Kant: “He aquí un principio del arte de la educación que particularmente los hombres que hacen planes de enseñanza deberían tener siempre ante los ojos: no se debe educar únicamente alos niños según el estado presente de la especie humana, sino según su estado futuro posible y mejor, es decir, conforme a la idea de la humanidad y a su destino total”.
Y donde dice niños, se puede sustituir a no-tan-niños.
Porque la educación en valores debería conjugarse en gerundio.
Y por último recordando del primer punto que a Tom y Boo son dos personajes que conocemos por las opiniones de los otros, sin que se les ofrezca la posibilidad de dar sentido a la trama de su historia, aparece la importancia de aprender a narrar(nos) y a escuchar – entender la narraciones de los demás. Dos de los personajes de la historia narrada por la niña son sinsontes, como se ha relatado.  Atticus a través de diferentes situaciones que se suceden les transmite a sus hijos el valor de las historias únicas, de l y singulares de cada uno de ellos. Y cómo la comprensión de lo que piensa y siente el otro tiene que se desde su historia. Es la narración la invitación a poder contactar con los sentimientos y afectos que acompañan a lo humano.
“Matar a un ruiseñor” una lectura de ayer y de hoy.

3 pensamientos en “Matar a un ruiseñor: una lectura de ayer y de hoy

  1. Sinsonte, pajaro de mi pais de origen, Cuba, y presente en muchos poemas y canciones guajiras http://www.panoramio.com/user/6241071/tags/sinsonte. En otros paises antillanos (Puerto Rico) se le conoce como ruiseñor. Pajaro políglota (que puede ser leido como un mérito) me recuerda a Rosa, la cantante de Operacion Triunfo: habla fatal con una diccion terrible y dificilmente entendible sin embargo, es capaz de cantar extraordinariamente. Diríamos que “imita” aunque no tenga (o tenga fea) voz propia. Preciosa reflexion Saludos Jose Antonio Tous Olagorta

    Me gusta

  2. Pingback: III EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA – El Bolintxi

  3. Pingback: III EDICIÓN DEL CLUB DE LECTURA – Bolintxi

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s