La vida y la muerte de Iván Ilich: sobre la vulnerabilidad y lo singular

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Pasados los 50 años y tras haber transitado por el mundo urbano y el rural, estudiado sobre letras y leyes, ser reconocido por obras como Guerra y Paz o Ana Karenina y tras su conversión al cristianismo, León Tolstói, novelista ruso procedente de una familia conocida de la nobleza, escribió su novela corta titulada La muerte de Iván Ilich.

Se dice que de la estructura de diario inicial el trabajo derivó, por la duda de que resultase inverosímil, en doce capítulos, desvelándose en el primero cuál es su desenlace, la muerte del protagonista, para después relatar la historia de su vida y cómo los acontecimientos se suceden hasta ese final conocido, desplegándose así ante el lector un argumento circular. Esta forma de argumento simboliza la crítica encubierta del autor a una vida (sin)sentido y del cual se desprende un discurso moral y filosófico. El narrador, desconocido, no participa del contexto ni de la vida de Ilich, pero desvela, no sólo acontecimientos, sino también sentimientos y pensamientos más profundos de algunos de sus personajes.

Se nos muestra cómo la vida de Iván Ilich había transcurrido en la búsqueda y el ascenso progresivo a un nivel social que le situó finalmente como miembro del Tribunal de Justicia ruso, con una familia, unos hijos y un entorno de conocidos y amigos que parecían tener coherencia con esa búsqueda de lo conveniente, de lo esperado, de lo valorado.

Podríamos reconocer que existe un punto de inflexión en su historia lineal, ordenada y desinteresada en todo aquello o aquel que no estuviese en la línea de su progreso. Es a partir de un golpe, aparentemente sin importancia, que sufre subido en una escalera mientras repara unas cortinas en su casa cuando comienza la decadencia física de Ilich y su tránsito por diferentes sentimientos.Quizá no sea casual que Tolstói aquí utilice la metáfora de «estar subido a una escalera» y su paralelismo de encontrarse en un momento de su vida de máximo escalón y poder social conseguido y que este hecho modifique su rumbo.

El golpe tiene continuidad en unos síntomas y unos signos que dan significado a la decadencia física de Ilich y a su tránsito por diferentes sentimientos. Se vislumbra una enfermedad sin nombre y apellidos que le acompaña hasta el final silencioso que implica la muerte y que lleva a Ilich a mantener una conversación con su pensamiento en paralelo sobre lo que ha significado su vida, sobre la enfermedad y a reconocer a la muerte dentro del vivir. Somos protagonistas de su dolor físico que atenúa con el opio y su dolor moral para el que no se le ofrece ni encuentra remedio. Su entorno (esposa, familia, amigos…) se mantiene entretenido en los detalles que dibujarán la vida sin el enfermo y los beneficios que a cada uno de ellos le reportará. Los diferentes médicos que le atienden mantienen una actitud aséptica frente al sufrimiento de su paciente. Todos son protagonistas del pacto de silencio sobre la muerte, salvo el criado Gerasim quien muestra compasión, cuida y acompaña al moribundo Ilich.

Algunos fragmentos del libro ilustran de forma clara esta soledad, sufrimiento, miedo y silencio que rodean a Ilich:

El mayor tormento de Iván Ilich era la mentira, la mentira que por alguna razón todos aceptaban, según la cual él no estaba muriéndose; sino que sólo estaba enfermo, y que bastaba con que se mantuviera tranquilo y se atuviera a su tratamiento para que se pusiera bien del todo. (p. 77)Al quedarse solo, Iván Ilich comenzó a gemir, no tanto por el dolor físico, a pesar de lo atroz que era, como por la congoja mental que sentía. (p. 81)Otra dosis de morfina y perder el conocimiento. Le diré al médico que piense otra cosa. Es imposible, imposible seguir así. (p. 82)Era como si bajase una cuesta a paso regular mientras pensaba que la subía. Y así fue, en realidad. Iba subiendo en la opinión de los demás, mientras que la vida se me escapaba bajo los pies…Y ahora todo ha terminado, ¡y a morir! (p. 93)Su vida se había dividido en dos estados de ánimo contrarios y alternos: uno era la desesperación y la expectativa de la muerte espantosa e incomprensible; el otro era la esperanza y la observación agudamente interesada del funcionamiento de su cuerpo. (p. 95)Había un punto luminoso allá, en los comienzos, en el inicio de la vida, pero todo se hacía luego más y más negro, y se sucedía más y más veloz: inversamente proporcional al cuadrado de la distancia de la muerte, se dijo Iván Ilich. (p. 97)

La distancia que marca esta novela es una distancia corta si consideramos que nos permite ser testigos de la vivencia de la enfermedad y de la muerte, del otro, pero también nos posiciona, nos interpela a nosotros como parte de ese argumento circular en el que nos vemos inmersos en la vida. Vislumbra la importancia de ubicar y dar sentido a las razones y emociones que en este estado caótico invaden al protagonista, sin olvidar su identidad biográfica y su contexto.

Y como profesionales, no sólo centrarnos en lo biológico ni mitigar la incertidumbre con lo objetivo y la comunicación unidireccional paternalista:

El célebre galeno llegó a las once y media. Una vez más empezó la auscultación y, bien ante el enfermo o en otra habitación, comenzaron las conversaciones significativas acerca del riñón y el apéndice y las preguntas y las respuestas, con tal aire de suficiencia que, de nuevo, en vez de la pregunta real sobre la vida y la muerte que era la única con la que Iván Ilich ahora se enfrentaba, de lo que hablaban era de que el riñón o el apéndice no funcionaba correctamente y que ahora Mihail Danilovich y el médico famoso los obligarían a comportarse como era debido. (pp. 85-86)

 Ilich muere sin comunicar(se) con los demás sobre su vida y sobre su muerte.

Dentro del relato circular que es la vida, representado por ese reloj y sus manillas que se acercan y se distancian, la muerte merece ser abarcada. Acompañar a morir implica considerar al otro en su circularidad, reconocer su autonomía.

Bibliografía

– Tolstói L. La muerte de Iván Ilich. Hadyl Murad. Madrid: Alianza Editorial; 2001.

– Moreno Zambrana D. (20/1/2013). Booktrailer del libro “La muerte de Iván Ilich”. La Editorial Nórdica publicó en 2013 una traducción de este libro, realizada directamente desde la edición rusa, por Víctor Gallego acompañada de la ilustración de Agustín Comotto. Este vídeo recoge algunos de los fragmentos relevantes del libro y sus ilustraciones.

– Casado da Rocha, A. Ética al final de la vida: una aproximación narrativa a los cuidados de pacientes con cáncer. En: W. Astudillo, A. Orbegozo, A. Laitegi y E. Urdaneta (eds.): Cuidados paliativos en enfermeri%u0301a, Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos, Donostia. 2003. A través de este texto nos acercamos a la reflexión de dos obras: La muerte de Iván Ilich e Irme de esta manera, sobre la relación de los profesionales en su atención a pacientes al final de la vida.

– Gérvas J. Barbarie y muerte, o la ética del «basta ya». Gérvas, J. SEMERGEN 2003; 29 (11): 559-60. En este artículo el autor nos muestra los riesgos del silencio y la lucha contra la muerte con una medicina basada en el encarnizamiento terapéutico. Para ello el autor propone la ética del «basta ya».

[Este post contiene el artículo publicado este mes de noviembre en la sección Caleidoscopio de la revista AMF joven: Serrano E, Torrell G. La vida y la muerte de Ivan Illich: sobre la vulnerabilidad y lo singular. AMFj2014;3(6):10].

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