El malestar y sus territorios

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[ …Vino para comentar que la próxima semana le harán un nuevo tratamiento de fertilidad, tras años intentando tener un hijo y haber visitado diferentes consultas de ginecología.
Un par de minutos antes de marchar de la consulta, Erika introduce un nuevo guión: ” Tengo que pedir cita para mi marido porque hace tiempo que no viene al médico y ya no le queda medicación”.
Después de un breve silencio continúa: ” Toma paroxetina hace diez meses, cuando le dijeron que tenía ansiedad y no sabe si tiene que seguir tomando ese tratamiento”. (Silencio). “Él comenzó con dolor en la espalda justo cuando le echaron del trabajo, vino de urgencias varias veces y le dijeron que lo que tenía era ansiedad. Él no quiere seguir tomando pastillas porque dicen que no le hacen nada, pero yo creo que necesita seguir con la medicación. Ahora con todo lo de mi tratamiento, veo que no está bien”…
No conozco aún a la pareja de Erika, pero cuando ella se marchó de la consulta quedaron algunas de sus palabras ancladas en mi pensamiento en paralelo: “toma paroxetina”, “le dijeron que tenía ansiedad“, “ahora con todo… veo que no está bien”. Y, casi de forma espontánea, comienzo a hilar una historia sobre él, que recoge esa idea de transferencia sobre lo que él piensa-siente a un escenario colonizado por  “le dijeron que tenía” – una etiqueta diagnóstica “ansiedad” – y un tratamiento “que necesita”. Su dolor de espalda y el fin de una etapa larga de trabajo en la misma empresa conecta ahora con la situación de incertidumbre de continuar sin trabajo y la búsqueda de un hijo. Me preguntaba si se trataba de una enfermedad o de emociones-sentimientos ligados a un contexto y su experiencia sin haber sido re-ubicados, sin haber conseguido una coherencia narrativa. Si se trataba de una demanda ligada a un malestar de la vida y es la consulta del médico el lugar para hilar el principio-nudo-desenlace de su historia.
Cuando fui consciente de ese pensamiento en paralelo, decidí borrar ese análisis e intentar guardar la información más objetiva que Erika había dejado suspendida en el aire. Un intento de poder conocer la historia de él sin condicionamientos, sin (pre)juicios… y sin haber elegido precozmente un posicionamiento sobre lo que hacer o no hacer.]

Historias como la de la pareja de Erika se suceden casi a diario en la consulta. No sólo en la mía intuyo, porque se pueden reconocer en conversaciones fuera de las cuatro paredes, frases como: “esto no corresponde al sistema sanitario”, “no es un tema médico”, “hoy en día para todo se necesita una pastilla”… Alguna de ellas se intuyeron en mi pensamiento en paralelo, lo reconozco.

Encuentro en el artículo de Ander Retolaza titulado: “El territorio del malestar” un análisis acerca del “malestar” desde el enfoque de los pacientes y de los profesionales, partiendo del hecho de que muchos problemas personales son (y van a seguir siendo) objeto de la demanda profesional, apareciendo sobre la mesa preguntas como: ¿ A quién hay que tratar y a quién no?, ¿Hay que atender o no este caso concreto?.

Subrayo del artículo en papel el siguiente párrafo, que me invita a mirar de otra forma consultas como las descritas, más allá del automatismo  “a mí no me corresponde”:

“Rechazar de plano, y por principio, como inadecuadas una parte de las demandas que se nos plantean supone no entrar en una discusión sobre cómo evitar caer en peligros que, de todas formas, nos acechan por todas partes en nuestro ejercicio profesional. En su lugar lo que habría que hacer es analizar y describir, de la manera más precisa, las condiciones que apuntan hacia la indicación de una no-intervención. (…) El puro y simple rechazo de cualquier forma de intervención (cosa, que en la práctica, no ocurre casi nunca), sin una argumentación suficientemente razonada y al alcance del usuario, podría connotar un abandono de la obligación de asistencia, inherente a la propia ética de todo sistema asistencial público”.

Y es que la queja-sin propuestas, el no-sin argumentación, la responsabilidad transferida… requiere de un escenario donde se planteen nuevos guiones para aprender a transitar desde lo colectivo a lo individual, de lo general a lo particular, de los valores en conflictos a los cursos de acción intermedios… Y en donde no olvidemos que cada uno de los personajes tenemos una responsabilidad.

Un pensamiento en “El malestar y sus territorios

  1. Como siempre, oportuna. Recojo de Bion, una frase ya comentada en el foro y que matiza lo que comentas: “Al encuentro hay que ir sin memoria ni deseo”. Bion re-toma esta idea de Freud cuando decia que el riesgo y peligro en el encuentro es que solo aflora lo que queremos ver. Felicidades por tu escucha y por tu generosidad al compartir. Saludos. Jose Antonio Tous Olagorta.

    P.s. por favor, mi deseo es que quienes respondieron de manera rabiosa y sin escucha a la escucha que Beatriz Ogando pedia, lean esta entrada tuya

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