La identidad del sistema sanitario [en construcción]

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[Seis de la tarde. La puerta de la entrada se encuentra abierta. Subo las escaleras hasta el cuarto piso. Toco el timbre, escucho una voz que dice “¡Va!” y transcurren unos minutos hasta que se abre la puerta. Carmina permenece apoyada en el pomo de la puerta con una mano y con la otra en el bastón, mientras me invita a pasar. En el salón se encuentra un gato sentado en el sofá.

Me explica que ha llamado para que la viniesen porque se encuentra cansada, no le apetece hacer nada, no tiene hambre, se le hinchan los pies y se ahoga desde hace unos días. Vive sola y sólo sale a la calle cuando tiene que ir a alguna visita y viene a recogerla una ambulancia.

Llevaba días esperando una carta con el día que tenía que ir a visitarse al hospital y ésta mañana su vecina le ha traído el correo acumulado en el buzón. Allí se encontraba la carta que informaba que en dos semanas tiene visita para recoger los resultados del TAC abdominal, después de la operación por un tumor en el colon hace ahora tres meses.

Avanzamos en los síntomas y signos de su motivo de consulta. Y al acabar de explicar el tratamiento le comento que dejaré un aviso para que su médico venga a visitarla en unos días.

Me dice que no hace falta que deje un aviso, que ella ya se lo explicará a la Dra. Suárez cuando la vea en el hospital. Acaba diciendo: “Hace tiempo que no voy al ambulatorio, porque las últimas veces me encontraba, cada vez, a un médico nuevo y tenía que empezar a contar todo lo que me había pasado, aunque ellos me decían que no me preocupase porque todo estaba escrito en el ordenador. Pero, ¿sabe?… hay cosas que yo no quiero contar cada vez a una persona nueva. Porque mucho de lo que me pasa es por este dolor que tengo (se señala su pecho izquierdo). Ya lo sabe la Dra Suárez. Justo hoy hace dos años que mi hija murió de un cáncer”].

Esta historia no forma parte de la ficción. Es una historia real.

Real no por el reconocimiento de la complejidad de las consultas y saber qué se esconde detrás de una demanda o cómo valorar, de forma equilibrada, el peso de lo objetivo y lo subjetivo sobre lo narrado y sentido. Es una historia real por la expresión de esa falta de continuidad que se está llegando a ofrecer en la atención y en los cuidados y que (bien) resumía Carmina en su frase: “me encontraba, cada vez, a un médico nuevo…”. Podríamos señalar a éste como parte de los síntomas (no reconocidos) de la enfermedad del sistema sanitario. Pero la realidad descrita por Carmina también define las entre-líneas de la llamada precariedad laboral. Una realidad que comparten comparten profesionales y pacientes. Historias reales que parecen no ser una excepción.

Por tanto urge ir más allá del diagnóstico de la situación y de la vivencia con angustia sin remedio, que diría Manuel Cruz, que se instala en cualquier recodo de acontecer contemporáneo. Y quizá se trate de empezar por intentar dar respuesta a los problemas que nos acompañan desde hace ya algún tiempo. Tiempo, tanto como cuatro años, han pasado desde que la Asociación de Economistas de la Salud elaborase una lista de propuestas de actuación ante la Crisis de la Sanidad Pública y  que definían para una actuación sensata y responsable. Aunque merece la pena detenerse en la lectura de las diecisiete propuestas, considero oportuno resaltar una de ellas, por su especial síntesis del diagnóstico de muchas situaciones y opciones a tener en cuenta, en relación con esta citada precariedad laboral:

DESFUNCIONARIZAR PARA PROFESIONALIZAR.

Cada vez más los proveedores públicos de asistencia sanitaria han de competir, o al menos convivir, con proveedores privados en régimen de concierto o concesión. La red pública necesita dotarse de instrumentos de gestión de recursos humanos que le den flexibilidad y adaptabilidad a las necesidades. Por ello debería iniciarse un proceso no traumático y gradual de desfuncionarización de los profesionales sanitarios, en particular de los médicos. Por otra parte, en el más que probable caso de que las restricciones económicas actuales obliguen a modificar las plantillas, deben evitarse las reglas fijas uniformizantes y aquéllas que impliquen despedir siempre a los últimos que entraron. Antes de despedir habría que reestructurar, con criterios de efectividad, productividad y valor añadido para la red y el ciudadano.

Indagar sobre la precariedad laboral y sus entresijos, nos llevará a enfrentarnos con aquellas construcciones teóricas y prácticas que son (deben ser) susceptibles de ser sometidos a un análisis crítico. Todo ello en busca de una identidad del Sistema Sanitario más vinculada con el qué se hace, que con lo que contamos o imaginamos.

Un pensamiento en “La identidad del sistema sanitario [en construcción]

  1. Pingback: MANIFIESTO SOBRE LA PRECARIEDAD LABORAL SANITARIA | Amantea

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