La hiperfrecuentación: entre aquí y entonces

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Viernes a las nueve de la noche: fin de una nueva semana de trabajo. De forma somera, el análisis de lo que han sido estos cinco días reporta unos treinta pocos (pacientes) algunos días y treinta y muchos (pacientes) otros días.​

Sin revisar cada una de las visitas de nuevo, algunos de esos días tienen escenarios comunes: salir a la puerta con la lista impresa en el papel y no bajar la cabeza para leer, sino invitar a pasar, por recordar sus nombres y apellidos, a Carmen L., Higinio S., Virtudes M. o de Antonia R. El día de la consulta de urgencias, aunque no soy capaz aún de recordar ciertos nombres, las caras de Tarik A., Kahdy T., Abdelamin D o Feng Z son también (re)conocibles”.

Reconocer o ser reconocido probablemente tenga un valor diferente según sea interpretado por el profesional o el paciente. Asumimos que la continuidad en la misma consulta y con los mismos pacientes propiciará este recuerdo. Pero existen otras situaciones, en las que no existe ese conocimiento acumulado por la continuidad, en que el recuerdo de nombres y apellidos de forma espontánea puede vincularse a la etiqueta de hiperfrecuentación. Etiqueta construida por y para los profesionales, con tendencia a estar representada por la parte cuantitativa de las visitas y puede generar malestares y situaciones de conflicto en la relación profesional-paciente. Demanda con (ab)uso de los recursos y  falta de educación sanitaria de la población son algunos de los epígrafes que acompañan a la opinión de los profesionales sobre este tema. Se han descrito interesantes propuestas para abordar esta situación para no quedarse sólo con la detección del número de visitas como problema y centrarse en el objetivo de reducirlas como solución simplificadora del problema.

Mirar con detalle a la hiperfrecuentación no debería olvidar el entorno que rodea a la consulta (más allá de la consulta del profesional y del edificio donde se ubica el equipo)  y la experiencia del paciente que consulta. Un estudio que se preguntaba acerca de las razones por las que habían consultado pacientes a los servicios de urgencias por problemas de baja complejidad, nos ofrece algunas conclusiones interesantes. De forma general, que las razones pueden ser varias y variadas: según el tipo de síntoma, por la elaboración de un auto-diagnóstico, la percepción personal de necesidad, el conocimiento de la oferta de los servicios sanitarios (por la tecnología, los tiempos de espera, la accesibilidad, el trato (im)personal, la disponibilidad de información…) y el contexto global de la persona.

Plantearnos la duda de que el problema de la hiperfrecuentación tiene su raíz en los otros, nos puede llevar a reconocer algunos interrogantes que inicialmente se situación fuera de nuestra perspectiva, ,que generan incertidumbre y que no se pueden controlar. El cuestionamiento puede traer consigo la investigación y desviarnos de ese principio de la transformación de lo particular en lo universal que impregna todo.

Estar al otro lado de la mesa, en las salas de espera, en una camilla, sentir síntomas inespecíficos sin diagnóstico encontrado… es toda una experiencia para cuestionarse qué sistema sanitario construimos y perpetuamos.

¿Tendríamos que volver a practicar la mirada contemplativa, ajena a todo pensar calculador, ,para descubrir que la realidad no se agota en su referencia a nuestras necesidades o fines más inmediatos?.

 

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