Prevención: más allá de los datos duros

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“Me han hecho el estudio de lo del colon. Ese que tienes que llevar un bote a la farmacia. Y me ha salido que no tengo nada. Estoy contento [Sonrisa]”.

“ Esta mañana me han llamado del hospital porque me ha salido positivo la prueba de las cacas. Dicen que tengo que ir a una visita porque me pedirán la prueba del tubo. Tengo miedo. [Llora]. Yo estoy bien, no me duele nada, hago mi vida normal y además pienso que es que… eso… ahora no toca, no entiendo porqué a mí…”.

“ Doctora, mi marido no quiere hacerse la prueba del colon porque dice que ya vamos justos de dinero, como para traer más gastos. Y yo le digo que más vale prevenir que curar, que si hay que ajustarse el cinturón por esto, miramos de recortar algunas cosas”.

“ Le traigo una carta que me ha venido a casa para lo de la prueba del cáncer. Para que ponga ahí en el ordenador que yo no quiero hacérmela. Ahora hace dos años que dejé los hospitales, acabé harto de tanta visita después de que me viesen que tenía cáncer de pulmón. Y yo no quiero mirarme, que yo estoy bien”.

“ Vengo a que me lea esta hoja porque no la entiendo. Mi nieta dice que es una prueba que me tengo que hacer, pero yo le digo que ni usted ni el enfermero me han pedido ninguna cosa”.

“ Me han llamado del hospital que tengo que ir a una visita. Mi mujer dice que le han dicho que era por lo de la caca que llevé a la farmacia. Vengo a que usted me explique un poco de qué va esa visita”.

“ ¿ Cuando te hacen la prueba del tubo te dicen si tienes algo bueno o malo? ¿O tienes que esperar tiempo?. Es que yo llevo mal esto de los resultados y las visitas que te dan para mucho tiempo”.

“ La gente se queja de los recortes, pero yo pienso que no debemos de estar tan mal cuando le hacen pruebas a la gente para que no tengan que llegar a tener un cáncer”.

Estas son algunos de las visitas de las últimas semanas relacionadas con la implantación del cribado poblacional del cáncer de colon en el territorio. Algunas aparecían como primer motivo de la consulta, en otra ocasión se esperaban y aparecían pasados algunos minutos y haber introducido otros temas. Diría que en muchas de estas consultas me surgía una misma pregunta y es si en el análisis posterior de este tipo de intervenciones, además de la prevalencia, disminución de la incidencia o de la morbi-mortalidad, se recogen costes indirectos como las visitas que generan por dudas en la consulta de atención primaria o la vivencia y experiencia de los pacientes.

No relacionado con el cáncer de colon, pero sí con otro cribado poblacional más veterano, trata un trabajo titulado “Coneixements, actituds i percepcions sobre el càncer de mama i la detecció precoç en dones de Barcelona de diferents orígens culturals. Barreres percebudes i elements facilitadors” (2013) de Rosa Puigpinós i Riera, Dolors Rodriguez- Arjona, Mariona Pons i Vigués y Mª José Fernández de Sanmamed. Tras realizar entrevistas que incluían a mujeres de diferentes orígenes: autóctonas, de Latinoamérica, de Europa del Este, de Filipinas, de China, de la India, Pakistán y Marruecos, en estudio cualitativo concluyen que tanto en la concepción que las mujeres tienen de la prevención como en las prácticas preventivas que se llevan a cabo, tiene gran influencia la cultura de origen, el hecho de haber crecido en un medio rural o urbano, la clase social a la que se pertenezca y el proceso migratorio por sí mismo.

Las mujeres autóctonas entrevistadas tienen incorporado que la prevención es un valor y aunque en ocasiones se plantean cuestiones vinculadas a los estilos de vida y a los determinantes, generalmente tienden a pensar que cuantas más pruebas se hagan, mejor. Según la Encuesta de Salud, hay diferencias en el lugar de seguimiento (público/privado) de esta actividad preventiva según la clase social.

Las mujeres latinoamericanas del estudio se consideraban partidarias de la prevención y de realizarse mamografías, aunque en ocasiones el tener otras exigencias o prioridades, sobre todo laborales, les hacen pasar a un segundo plano el autocuidado. Algunas la describen como una prueba dolorosa e incluso traumática.

Las mujeres de los países del Este comentaban que han nacido con la prevención vista como una responsabilidad para mantenerse sanas y poder trabajar constituyendo un bien comunitario. Sin embargo cuando dejan su país, en ocasiones no realizan estas actividades preventivas al no ser ya una obligación, pasando a ser una cuestión de elección individual.

Las mujeres filipinas participantes expresan la diferencia entre el antes (el país de origen) y el ahora (el país de acogida). En el primero el cáncer de mama está poco presente y los servicios sanitarios están limitados con escasa actividad preventiva. Hablaban de cáncer de mama como “enfermedad de ricas”, porque en su país sólo las ricas tienes posibilidad de superarla.

Las mujeres chinas consideraban que cuidarse es importantes aunque había diferencias por el nivel sociocultural y según el origen. El cáncer es un tema tabú que se relaciona con el miedo, la angustia y la tristeza y que tambalea el equilibrio emocional. Se percibe como barrera la diferencia de lenguaje verbal y no verbal, implicando en ocasiones desconfianza al sistema sanitario y a los profesionales del país de acogida.

La mujeres hindús y pakistaníes son las que mostraron tener un mayor desconocimiento de la enfermedad y de la prevención. Generalmente emigran por motivos de reagrupamiento familiar y reproducen los esquemas y estilos de vida del país de origen. Dependen de las decisiones del marido y del clan familiar en cuanto a qué pueden hacer o saber. La idea primera que tienen del cáncer de mama es que es una enfermedad sin cura que lleva a la muerte. Consideran que con realizarse un análisis de sangre ya han realizado una buena revisión porque la sangre contiene toda la información.

Por último en las mujeres magrebíes también se encontraba variabilidad según la procedencia y el nivel sociocultural, encontrando aquellas que consideraban el cáncer de mama como un castigo que se recibe por las malas acciones realizadas en algún momento y hay que aceptarlo con resignación. Se referían al cáncer de mama como “el maligno” y les produce miedo, incluso llegar a minimizar los síntomas y retrasar el pedir cita cuando tienen molestias porque lo asocian con mutilación y el consiguiente rechazo por parte de su marido.

Estas son otras breves pinceladas de la cara b que, en ocasiones desconocemos, de las intervenciones sanitarias en general y de las actividades preventivas en particular. El día a día en la consulta y lecturas como ésta (nos) invitan a tener presente la variedad de “mochilas” acompañantes que nos condicionan en nuestro vivir y en nuestro enfermar.

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