Recordar para escribir. O escribir para recordar.

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Escribe Martin Winckler en su libro “ Las confesiones del Dr. Sachs” (1999) : “Mucho antes de hacerme médico, escribía. Pero cuando uno es médico, ¿de qué sirve?.

Me hubiese gustado, quizá ya haya tenido la idea – por lo menos, la tengo hoy – de plasmar sobre el papel el nombre de todos los pacientes a los que he visto morir. De todos los bebés a los que he visto nacer.

Y ya puesto, el de toda la gente que ha venido a verme, que me ha mandado llamar algún día. ¿Pero cuáles de ellos?, ¿Aquellos a los que he atendido de verdad? ¿Aquellos que me han llamado por otra persona (porque siempre se atiende al que te pide algo, aunque diga que no se trata de él)? ¿Aquellos que me han abordado por la calle para hacerme una pregunta anodina? ¿Aquellos que me han pedido un simple certificado? ¿Aquellos que piden cita pero se olvidan de venir? ¿Aquellos que nunca se entiende a qué han venido?.

Quizá habría tenido que hacerlo, pero no lo he hecho. Uno no piensa en hacer ese tipo de cosas cuando empieza a curar. Hoy se incita a los médicos a meterlo todo en un ordenador, con fines epidemiológicos, estadísticos, contables. Pero nadie parece querer grabar en su memoria el nombre ni la cara de la gente, recordar el primer encuentro, las primeras emociones, sorpresas, los detalles cómicos, las historias trágicas, las incomprensiones, los silencios.

Entonces, creo que escribir, para un médico como para cualquier otra persona, es tomar la medida de aquello que uno no recuerda, de lo que uno no retiene. Escribir, es intentar tapar los huecos de lo real evanescente con trozos de cuerda, hacer nudos en velas transparentes sabiendo que se romperán por otro lado. Escribir se hace contra la memoria y no con ella.

Intentando escribir sobre esta semana, aquí transcribo algunas anotaciones escuchadas fuera de las cuatro paredes de la consulta y que me hacen pensar sobre esa vida que transcurre más allá del tiempo detenido.

En la sala de espera:

Ángela: “Ayer me llamaron para decirme que ya tenía mi nicho arreglado. El mes pasado dejé de pagar.”

Manuel: “Joer, qué prisas tienes por irte…”

Ángela: “Hace diez años yo era joven… pero ahora cuando no puedo hacer algo me… en todo… y acabas pensando de todo. Incluso irte ya a descansar…aunque luego cuando termino haciéndolo pues ya no lo pienso. Pero no es sólo por eso, es que en mi familia tenemos costumbre de prepararse cada uno el nicho, para no dar más problemas después…”

Victoria: ” ¿Pues cuántos años tienes?

Ángela: ” Yo setenta y seis. Ya me lo decía mi suegra, cuando cumplas años querrás la juventud…

En sus casas:

Rosa: “La he avisado porque me duele la rodilla después de caerme anoche. Mire esta es mi vecina, que también es mi amiga (y la amiga asiente). Le he dicho que venga porque no sabía si iba a venir un doctor o una doctora, y a mí… ya sé que no está bien decirlo… pero me da ansias… si viene un médico a la casa y estoy sola…que yo llevo viuda muchos años“.

Adela: “Yo hace años tenía azúcar y me empastillaba por el azúcar. Se me inflamó el hígado y  mandaron al hospital con el especialista. Él me quitó las pastillas y desde entonces no tengo diabetes. En las analíticas me sale diabetes cero

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