Cuida(ndo): de necesidades y deseos

IMG_9724

 

Ambas han compartido ese lugar que es la sala de espera. Rosario había trabajado como enfermera antes de dejarlo todo allí hace unos seis años; Mariona había trabajado en casa y decidió cambiar de vida cuando su marido murió de repente. Aquí y ahora viven donde trabajan y trabajan donde viven. Han decidido encontrarnos en la consulta para hablar de su día a día que es su trabajo y de algunos matices que no encuentran tiempo ni espacio durante esas visitas en la casa.

Rosario es la novena cuidadora que tiene Manuel en el último año y medio. En medio de relatos de agitación nocturna y de intentos de control con medicaciones, pude leer alguna frase corta sobre la cantidad de cuidadoras diferentes que le habían conocido, en poco tiempo. Los impulsos parecían no controlarse y devenían en algún que otro acontecimiento más o menos esperable.

Durante el día, cuando hacía mi visita Manuel todo estaba en orden: paseaba por el parque de delante de casa cada mañana, disfrutaba de la comida de mediodía, se sentaba al lado de la ventana por las tardes y su aspecto se mantenía estable. Mantenía sus rutinas guiado por Rosario, aunque él no recordaba (casi) nada de ellas y solíamos conversar sobre sus años mozos. Esa tranquilidad aparente contrastaba con las historias que su hija me comentaba por teléfono: “los sábados por la noche mi padre es otra persona y necesito que le ponga más medicación”. Era los sábados por la noche cuando Rosario tenía su descanso y Manuel quedaba al cuidado de su hija.

Rosario (me) cuenta, en la consulta, que el cuerpo de Manuel no está mudo el resto de días. Los casi dos meses de convivencia y los cuidados de otros cuerpos, le ayudan a plantearme que quizá él no necesite más medicación para tranquilizarlo. Que quizá lo que necesite es algo que le deslice más suavemente sus manos en el silencio de la noche. Ella no sabe cómo hablar(lo) con la hija de Manuel, se pregunta si ella lo sabrá o si querrá saberlo realmente.

Pocos días después de escuchar a Rosario, Mariona acude a la consulta con la hija de Matías y Luisa. Entran juntas pero la hija decide salirse para que Mariona (me) cuente a solas. Le ha llevado tiempo decidirse, pero quiere dejar su trabajo cuidando a la pareja. Lleva meses sintiéndose incómoda. Nota que no puede vivir compartiendo espacio con Matías y Luisa desde que una tarde les vio en su habitación juntos. Se han sucedido más tardes en las que en silencio de las manos de ambos se deslizaban de un lado a otro. Siempre de día. Luisa tiene demencia y él hace meses perdió una pierna porque la diabetes le recuerda que está ahí de alguna forma más evidente. Demasiadas preguntas sin respuestas han acompañado a Mariona estos meses. Preguntas que deja sobre la mesa aunque dudo en un primer momento si ella quiere respuestas o sólo necesita compartirlas y cerrar esta etapa. Se humedecen sus mejillas cuando ella relata lo que parece un punto y seguido con lo vivido aquí y lo que vivido allí. En ocasiones ha reconocido en el cuerpo mudo de Luisa al que ella cuida y asea, su cuerpo mudo después de la viudedad. No puede olvidar algunas imágenes y preguntarse qué puede sentir-desear alguien que no recuerda lo inmediato, que apenas habla y que necesita ayuda para (casi) todo. “ Nadie me había contado todo lo que a una le puede pasar trabajando en esto. Y aunque la hija de Luisa dice le pedirá una medicación para que esté más tranquila y yo pueda seguir trabajando, he decidido irme”.

Rosario y Mariona apenas están separadas por cuatro calles del mismo barrio. No se conocen aunque compartan barrio y sala de espera, y algo más.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Escribe Natascha Borgeaud, en su trabajo basado en los relatos de pacientes cuidadoras de personas en domicilio, que la palabra sobre la sexualidad de los adultos mayores en general, y de las personas con demencia en particular, se encuentra constreñida por las normas del pudor, de lo prohibido, del tabú y la necesidad, de parte de los trabajadores, de control de sus propios afectos. Por parte de las personas que cuidan, hablar sobre esta experiencia del cuidar más allá de lo reconocido y visible, es exponerse, es tomar riesgos,  de ser malinterpretada, mal vista, juzgada. Pero en el compartir y el escuchar está esa oportunidad de construir relatos que se salgan del sendero marcado.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s