La herida acompañada

“Si necesitas algo, toca el timbre. Sentir los pies fríos: quizá no sea una necesidad. El dolor puede ser tolerable aunque horas después, por protocolo, una EVA de 7 sobre 10 equivalga a no recuerdo qué dosis de morfina. Todo sucede muy lento, y rápido a la vez. Dejas de pensar, sólo el cuerpo se encarga de recordarte que estás ahí. Esa primera visita para ver cómo ha transcurrido la noche: escucha atenta, porque la historia de cómo te sientes y porqué te la están relatando. La primera ducha desnuda, sin querer ver tu cuerpo y las nuevas heridas. Las heridas visibles del presente, las cicatrices del futuro.  Los libros, que siempre te acogen de alguna manera, reposan en el armario. Moverse implica sentir dolor y todo deviene en una necesidad relativa. Sólo girar la cabeza hacia la derecha y mirar a través de la ventana, devuelve cierta proporcionalidad a este tiempo eterno. Pienso en ese misterio de los atardeceres junto al mar. Ahora las noches se vuelven monstruosas. No hay letras: todo está en blanco. O en negro. El cuerpo es el que sabe de sus rincones ocupados por el miedo. 

Ahora sé que eché de menos esa presencia que te recuerda que eres alguien, con miedo, con dolor, pero alguien… 

Si necesitas algo, de lo permitido, toca el timbre. ”

No poder estar acompañado por una persona cercana, casi dos años después del inicio de la pandemia COVID, es una realidad en algunos entornos socio-sanitarios. La prevención del contagio continúa siendo una prioridad. Podemos ser testigos de la vivencia de no haber tenido una despedida acompañada en sus últimos días de vida y hay profesionales que han decidido escribir sobre ello. Si alguna vez tuvo su razón de ser, ahora tiene su razón de ser replanteada.

Pilar Astier nos recordaba hace unos días, en el SIAP celebrado en Zaragoza, de forma minuciosa y clara la importancia de no abandonar esa percepción del daño con la mirada sistémica y continuar analizando qué hemos incorporado en el quehacer clínico durante la Pandemia y su implicación en la seguridad del paciente.

La importancia de considerar a pacientes y familiares en el análisis de un evento adverso son algunas de las líneas de investigación que, desde hace años, ya han ido incorporando algunas propuestas. En el contexto de la pandemia COVID, hay algunos datos objetivos, que nos alertan de esta tensión de ciertas normas con la seguridad del paciente, como el aumento de caídas en los pacientes hospitalizados en centros en los cuales no se permitía estar acompañado. Tener estos datos objetivos quizá facilitan la incorporación de la variable “ posibilidad de estar en compañía” en los estudios sobre seguridad del paciente y el replanteamiento de estas normas implantadas durante la pandemia para evitar su normalización si implican más daño que beneficio. 

Aunque… sin olvidar cómo puede influir en el enfermar y en el tratamiento, menos objetivable pero no menos relevante, el poder elegir si estar o no en compañía.  Lecturas como el libro de “Humano, más humano» de Josep María Esquirol pueden guiarnos a modo de brújula.

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