Metáforas de lo ordinario

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                                                Tinta sobre papel (2013) por Chelin Romero

“Rita acompañaba a Luis en la consulta. Él necesitaba un informe con todo su historial, tras decidir que va a solicitar la valoración para una incapacidad después de que una chispa asaltase su ojo y no pueda trabajar como soldador, su oficio desde que tenía quince años.

Antes de marchar él comparte su preocupación porque ella no se cuida de lo suyo: del corazón y del azúcar. Mientras él habla, ella se encarga de guardar los folios que acababa de entregarles. Durante unos segundos compartimos el silencio, un silencio algo ruidoso. Ella responde que ahora no tenemos tiempo, que vendrá más adelante.

Apenas la había visto en un par de ocasiones y creía recordar que era de acompañante, con uno de sus hijos y con su madre. La invito a revisar juntas su historia, que responde con “un no querría quitar más tiempo, hay gente esperando… pero bueno si mi marido se queda más tranquilo, lo miramos.”. En su historia constan dos etiquetas (rojas): la de infarto y la de diabetes mellitus, desde hacía cinco años. Su receta electrónica estaba caducada y no constaba analítica ni visita de control desde algo más de dos años, fecha que coincidía con el accidente de su marido. Desde entonces ella tiene dos trabajos: conserva el de modista que comenzó cuando tenía trece e intenta compatibilizarlo con algunas horas de limpieza en dos casas, pues ninguno de sus dos hijos aún trabajan.

Ella explica que lo del infarto es algo que no termina de creer que lo tuviera, pues no sintió ni dolor en el pecho ni en el brazo izquierdo, que es lo que suele comentar la gente que ocurre cuando tienes algo del corazón. Y del azúcar, cree que quien tiene azúcar de verdad es su madre porque se tiene que pinchar insulina cada día. Por estas dos razones y la situación económica que ahora acompaña a la convivencia familiar son una parte del porqué no compra ni toma la medicación. Y comparte que ahora no tiene tiempo para hacerse nuevos controles: “quizá en otoño cuando la cantidad de trabajo baje un poco”.

Le pregunto si ella se siente enferma. Me responde que no. Un NO: claro, conciso y solitario.

Le pregunto qué sería para ella estar enferma y me responde con el mismo tono conciso: no poder ver porque no podría coser, no poder moverme porque no podría hacer todo lo que tengo que hacer…“.

Nuestra palabra enfermedad parece tener esa inercia (omni)presente a lo biológico, a lo explicable a través de síntomas-signos y datos duros reconocibles (y cuantificables). Un contraste con las aristas del prisma “enfermedad” que ofrecen, en inglés, las palabras: disease, illness y sickness. Implican la conjugación de diferentes semánticas entre el enfermar desde la objetivización teórica de la ciencia, la perspectiva cultural-y-personal y las connotaciones sociales del significado de enfermedad en una determinada comunidad, respectivamente. Porque los encuentros son una intersección de lenguajes, de semánticas diferentes.

Descubrir esta variedad semántica nos acerca a las letras de Iñigo Marzábal sobre la inexistencia de un código único lingüístico a propósito de la Torre de Babel, hecho que desvela el potencial para adoptar una mirada donde tenga cabida la complejidad, donde las metáforas se ofrecen como la posibilidad de describir(nos) y ampliar nuestro horizonte, el del otro. Y a propósito de metáforas es Susan Sontag, en su libro La enfermedad y sus metáforas”, quien nos muestra su  perspectiva acerca del encuadre que conlleva el modelo clínico basado en la representación del paciente como alguien que tiene una enfermedad producida por un factor externo o por el mal-funcionamiento de una estructura y la carga metafórica nociva ligada a ésta donde el castigo, la culpabilidad y lo atribuible a lo individual, son protagonistas en pacientes con cáncer, tuberculosis o SIDA. Sontag diferenciaba estas enfermedades de otras más ordinarias, libres de metáforas negativas.

En el encuentro con Rita se hizo presente cómo los nombres genéricos, las etiquetas diagnósticas, son adoptadas como para entendernos, ,cuando la realidad pudiera ser que no nos enteramos de casi nada. Una invitación para indagar sobre las aristas conjugables del enfermar, sobre las metáforas de lo ordinario.

El caso clínico (cierto) y su potencial para (des)ubicar significados y metáforas.

Un pensamiento en “Metáforas de lo ordinario

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