Edvard Munch: la narración del sufrimiento *

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La niña enferma (1885-1886)**

Óleo sobre lienzo. Colores oscuros contrastados con la palidez de la piel de las manos y la tela que recubre la almohada. Trazos gruesos que diluyen los detalles que pudieran caracterizar a sus protagonistas. Hasta aquí un análisis objetivo de la obra. En el plano más subjetivo, podríamos reconocer que transmite la vulnerabilidad del enfermar. Es su tía quien mira al suelo y apoya su cabeza en la almohada, y quien sujeta la mano pálida. El contacto de piel con piel como expresión de (des)consuelo y de acompañamiento (en silencio). Podemos intuir la tristeza y el dolor ante un inminente e inevitable final: el de la muerte de la joven. La muerte es protagonista omnipresente en la vida, delimita el tiempo y nos invita a no dejar escapar la experiencia sobre las cosas esenciales. Las expresiones retratadas pueden mostrar que la brevedad de lo vivido zarandea esa secuencia coherente esperada o imaginada: la vida de niña, de joven, de adulta, de anciana…

Esta obra fue titulada La niña enferma y su autor es Edvard Munch (Noruega, 1863-1944).

La joven que se encuentra en la cama es Sophie, la hermana mayor de Munch. Pintó este cuadro transcurridos nueve años de su muerte por tuberculosis, cuando ella tenía quince años. Edvard Munch ocupaba el segundo lugar de cinco hermanos. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Cristiania (la actual ciudad de Oslo) en el seno de una familia de intelectuales y artistas, aunque la comprometida situación económica de su padre les hizo ir transitando por diferentes casas. Era médico militar y necesitaba complementar su trabajo oficial con el ejercicio en lo privado. A él le acompañaba, a veces, en algunas de las visitas que realizaba a los enfermos. Y de él le marcaron sus profundas creencias religiosas y la relación que mantuvo con el alcohol tras su viudedad. Llegó a escribir sobre su padre:

«Mi padre tenía un carácter sumamente nervioso, además estaba tan obsesionado con la religión, era psiconeurótico. De él heredé la semilla de la maldad. El miedo, la pena y la muerte estuvieron a mi lado desde el día que nací.»

Munch no solo conoció la enfermedad a través de la vida de los otros. Otra de sus frases recogidas en sus diarios es:

«Sin el miedo y la enfermedad mi vida sería como un bote sin remos.»

En su infancia se enfrentó a la citada muerte de la que parece era su hermana preferida, después de haber perdido a su madre, también a causa de la tuberculosis, cuando tenía él cinco años. Otra de sus hermanas fue diagnosticada de una enfermedad mental en la juventud y uno de sus hermanos murió al poco tiempo de casarse. Su padre murió cuando se encontraba el fuera de su país natal.

Dolor, enfermedad y muerte fueron una constante en la biografía de este autor.

Tras un año de estudio de ingeniería y descubrir que quería dedicarse a la pintura, Munch realizó un primer viaje a París. Es allí donde descubrió las obras de algunos pintores como Monet o Renoir. De regreso a su ciudad realizó la primera versión de La niña enferma. Una obra quizá no tan conocida como El grito pero considerada un punto inflexión en su vida y obra artística. Dejó a un lado el enfoque más realista propio del movimiento impresionista que había conocido hasta entonces y comenzó a incorporar una mirada más profunda interesada en la expresión de las emociones que se desprende de esa realidad percibida y vivida.

«Igual que Leonardo Da Vinci estudió la anatomía humana y disecó cuerpos, yo intento disecar almas.»

Del impresionismo al expresionismo en una sociedad burguesa donde la expresión de las emociones no formaba parte de las reglas establecidas.

Será su experiencia personal con la enfermedad y la muerte la que influya en esta transición y en la desolada visión de la existencia humana que plasma en ellas. Alcohol, soledad, miedo, enfermedad, (des)amor, ideas de muerte… son algunos de los protagonistas que se repiten en los diferentes textos escritos sobre el autor. Variadas son las descripciones sobre su estado «de salud» y que parece ser le llevaron a permanecer algunos periodos ingresado en centros sanitarios: desde trastorno bipolar, depresión, neurosis, fobia social o esquizofrenia… Quizá los síntomas y signos que presentaba se debían a algunas de las enfermedades citadas. O quizá no. Quizá eran expresión de la tristeza, dolor o confusión que puede implicar las vivencias que tuvo en su infancia y juventud.

Quizá pueda reconocerse, en cualquier caso, cómo su expresión de lo sentido y vivido a través de la pintura puede acercarnos a reconocer el valor que tiene el sufrimiento que transcurre por nuestras manos.

Acercarnos a otras disciplinas como la pintura puede implicar una invitación, por una parte, a aprender sobre los recovecos de la existencia humana y, por otra, sobre la necesidad de descubrir, en ocasiones, el nexo de unión de los síntomas y los signos que etiquetamos como enfermedades con las experiencias vividas a lo largo de la vida.

* Artículo escrito para la sección del Caleidoscopio de la revista AMFjoven. Publicado mayo 2015.

Serrano E. Edvard Munch: la narración del sufrimiento. AMFj 2015; 4(3):10. Disponible en: http://joven.amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=345

** Fotografía de la obra de Edvard Munch disponible en el archivo de la Tate Gallery: http://www.tate.org.uk/art/artworks/munch-the-sick-child-n05035

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