La elección de ciertos símbolos que representen al quehacer del día a día en la consulta y fuera de ella será una propuesta mensual de este año recién estrenado en este blog. El símbolo disémico como otra forma de comunicación, de resaltar la esencia e intensificar la conciencia de excelencia abandonada en el ejercicio profesional. Cada mes un símbolo, pues, como expresión del compromiso del médico con el paciente, su familia y la comunidad.
El primero de los símbolos elegidos es el cabás (maletín) para las visitas domiciliarias. El cabás y su contenido nos definen en relación a nuestra capacidad de reacción por-lo-que-pueda-ocurrir, lo que seremos capaces de hacer así como nuestra capacidad de convivir con la incertidumbre fuera de las cuatro paredes de la consulta. Por tanto, su hábitat natural es la calle y las cuatro paredes del dormitorio de los pacientes.
Es conocida la efectividad y los beneficios de las visitas domiciliarias en atención primaria, a pesar de que la estimamos menos que más y que es un objetivo a mejorar para, entre otros objetivos, garantizar un acceso equitativo. Las visitas domiciliarias son el negativo de las fotografías de cada encuentro, son el reflejo de lo que se intuye en unos pocos minutos durante visitas variadas, son un mar de datos blandos. El domicilio como espejo de una sociedad compuesta por individuos con incertidumbre no-resueltas pendientes de resolver porque algunas son derivadas de conflictos sociales y económicos que no hay nadie que resuelva por ellos. El cabás nos ayuda a curar, a aliviar y a acompañar… pero nos deja solo ante esos muros defensivos que se crean por las diferencias socioculturales triviales y profundas.





